
De acuerdo con el documento elaborado por el CEPA, la tasa de incidencia de la pobreza durante el segundo semestre de 2025 se ubicó en el 28,2%, lo que representa una disminución significativa frente al 38,1% del mismo periodo de 2024.
Sin embargo, el centro de estudios es tajante al señalar que estos datos deben interpretarse con cautela debido a tres reparos metodológicos fundamentales que afectan la precisión de las cifras publicadas por el INDEC.
Según sostiene el informe, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, “gran parte de la disminución de la pobreza se debe a los cambios metodológicos introducidos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y no una mejora real en el bienestar de los hogares”.

El CEPA explica que, desde finales de 2023, el organismo oficial introdujo modificaciones orientadas a medir mejor la calidad del empleo y los ingresos, incorporando nuevas preguntas que captan con mayor precisión fuentes no laborales.
Al respecto, el documento afirma: “Estas modificaciones no implican una mejora real en los ingresos de las personas, sino una mejora en su captación estadística. En efecto, la incorporación de nuevas preguntas en la EPH permitió relevar con mayor precisión fuentes de ingresos que anteriormente no se preguntaban o se encontraban subregistradas”, tales como la Tarjeta Alimentar, las pensiones no contributivas y el programa Progresar.

Un segundo punto de conflicto detectado es la evolución de los ingresos de los trabajadores no registrados, que exhiben un comportamiento anómalo respecto a la serie histórica.
El CEPA destaca que entre finales de 2023 y septiembre de 2025, este segmento creció un 25,5% en términos reales, desvinculándose de su tradicional correlación con el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM).
El informe advierte sobre esta contradicción: “Esto entra en contradicción con el contexto económico... donde muestra un mercado de trabajo contractivo, con tasas de empleo cayendo y desocupación en alza. (...) El fuerte aumento real de este segmento sugiere que el dato está influenciado por la mejor captación de ingresos en la EPH y no por una mejora real sostenida”.

El análisis del CEPA también pone el foco en la Canasta Básica Total (CBT), asegurando que su metodología de actualización quedó desfasada frente al nuevo escenario de precios relativos.
Al mantener constantes las relaciones de consumo de encuestas de hace dos décadas, no se estaría reflejando el peso actual de los servicios y el transporte, que aumentaron muy por encima de los alimentos.
“El efecto concreto es que, al multiplicar la Canasta Básica Alimentaria (CBA) por la inversa del coeficiente de Engel subestimado, el valor de la CBT queda artificialmente bajo porque el coeficiente esta atravesado por la no actualización adecuada del salto de los servicios. Como consecuencia, una mayor cantidad de hogares aparece por encima de la línea de pobreza, incluso cuando sus ingresos no han tenido un crecimiento significativo en términos reales”, detalla el informe.

Finalmente, el documento aborda el fenómeno de los “trabajadores pobres”, señalando que incluso en el sector privado registrado la situación es frágil. Aunque hubo una recuperación parcial en 2025, la relación entre la mediana salarial y la CBT volvió a deteriorarse hacia el fin de año.
El CEPA concluye que “en diciembre de 2025 (cerró) en el 94%. Esto indica que el ingreso de la mitad de los asalariados registrados aún no alcanza para cubrir la CBT de una familia tipo”.

Hacia adelante, el centro de economía advierte que los riesgos de una reversión en la tendencia son elevados. El informe cita como indicador de alarma la aceleración de la inflación de alimentos, que promedió un 4% en los dos primeros meses de 2026, junto con el congelamiento de programas sociales y la pérdida de poder de compra de la jubilación mínima, factores que anticipan un incremento en las tasas de indigencia y pobreza para el presente año.